"Operación Pilar Defensivo". Curiosa forma de denominar a la masacre a la que se está sometiendo a la población palestina en Gaza desde hace ya 6 días. Escudándose en el "peligro" que supone la ofensiva islamita (en forma de misiles lanzados al norte del país), Israel asesina día tras día a decenas de personas, la mayoría civiles, y muchísimos de ellos mujeres y niños.
Las cifras hablan por sí solas. Desde que comenzó la "operación", el número de palestinos muertos asciende a 104, por 3 israelíes. Y eso teniendo en cuenta de que la ofensiva terrestre no se ha producido aún. Si atendemos a los precedentes, la última vez que Israel metió a su ejército en Palestina el balance de muertos fue de 1400 palestinos frente a 13 israelitas.
Sin frivolizar con estos datos, cabe decir que para tratarse de una "operación de defensa", los que parecen necesitar verdadera ayuda no son los israelíes. “Lo que está ocurriendo aquí son crímenes de guerra”, afirma Salah Abed
Alaty, representante de la Comisión independiente para los derechos
humanos en la zona norte de la franja de Gaza.
Más imágenes de la matanza en Gaza
Y no anda desencaminado en sus afirmaciones Alaty. Israel, en su cruzada indiscriminada contra la yihad islámica, está vulnerando barreras humanitarias y democráticas sin ton ni son, inimaginables para un país denominado del primer mundo. Menos, si cabe, recordando el pasado oscuro no tan lejano de la población judía que reina en el territorio.
La comunidad internacional no puede seguir haciendo oidos sordos a lo que está ocurriendo en Gaza. El sonido de bombas, y sobretodo, las voces y gritos de las personas que están padeciendo sus atrocidades hacen demasiado ruido para que sean acallados por un país que ha perdido la razón.
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Integración, no integración.
Sin lugar a dudas, estamos en la antesala de una fecha clave para el devenir de la escena de la política internacional en los siguientes cuatro años. Hablamos, cómo no, de las elecciones estadounidenses a la presidencia que se celebrarán durante la jornada de hoy en el país norteamericano.
Barack Obama se enfrenta, cuatro años después, a unas elecciones de tintes más "realistas" tras la euforia y optimismo que desató su primera ascensión a la Casa Blanca, y ha tenido durante toda la campaña la imperiosa necesidad de hacer ver los logros de su mandato (Seguridad Social, Bin Laden...) y esconder sus "fracasos" (Guantánamo, etc).
Pero en nuestro blog nos interesa más hablar sobre el nuevo aspirante republicano. Mitt Romney, el primer mormón que opta a ocupar el despacho oval, las ha pasado canutas en la campaña para intentar alejarse de las voces extremistas que anidan en su partido (en el que no olvidemos que se integra el Tea Party, Sarah Palin...) para intentar erigirse como un adalid de la inserción social y el diálogo. En nuestra sincera opinión, no le ha salido demasiado bien.
Nos explicamos. Por mucho que su discurso "integrador" se haya dirigido a las sociedades hispanoamericanas (que pueden marcar la diferencia en ciertos estados clave), es un hecho que el partido republicano sigue teniendo serios problemas de racismo en varios estados en los que gobierna, sobretodo en el sur del país. Pero sobretodo, nos parece que ningún partido que englobe al citado Tea Party (abiertamente racista), se puede autodenominar como "integrador" o "social".
Pero vamos a remitirnos a los hechos acontecidos en la misma campaña. A pesar de su gran oratoria en los mítines, discursos rimbombantes, etcétera, Mitt Romney ha tenido en un vídeo grabado caseramente a su mayor enemigo, él mismo. Porque un político integrador tiene que ser capaz de convencer en mítines, pero también de ser coherente con aquello que dice también en sus círculos íntimos, y este vídeo es la constatación de justamente lo contrario.
En estas increíbles declaraciones, Romney tacha (entre otras cosas) de irresponsables e inmaduros al 47 porciento de los votantes americanos, en referencia a que estos "ven al Estado como alguien que les tiene que salvar, se ven como víctimas".
Creemos que este menosprecio a la mitad de la población estadounidense no puede quedar sin castigo por parte del electorado estadounidense. Pero si esto ocurre o no, lo veremos esta madrugada.
Inactividad
Nada ni nadie se mueve por Madrid. Contemplo con admiración cómo los estudiantes británicos siguen en pie de guerra por el masivo incremento de los precios de las matrículas. Hartos de recortes sociales para paliar la crisis que han provocado esos bancos que son los mismos a los que ahora rescatan, la juventud ha respondido con violencia y protesta a esos grandísimos Oreos.
Al mismo tiempo, observo con envidia como en Portugal se ha realizado esta misma semana una de las mayores huelgas generales de la historia. El país quedó practicamente paralizado ante la protesta organizada por los sindicatos, unidos por primera vez tras 22 años de divergencias.
Y miro pasmado y con resignación al panorama madrileño. La Universidad Complutense, antaño famosa por las ansias revolucionarias y lucha anti-sistema de sus estudiantes, se preocupa más de las sangriadas de los jueves, de los viajes de fin de curso y de las fotos que subieron el lunes pasado al Tuenti que de hacer algo en contra de este bucle sin fin en el que nos estamos (o nos están) metiendo.
No cabe duda de que algo se ha hecho mal para que hayamos llegado hasta esta situación, pero lo más triste es que esto no tiene visos de cambiar en un futuro próximo. Y deberíamos darnos cuenta de que este pasotismo por parte de la juventud nos puede salir muy caro en cuanto las sangriadas y los viajes se vean sustituidos por una cola del INEM.
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